jueves, 18 de agosto de 2011

La princesa y el espejo

Érase una vez una princesa que cuando se miraba al espejo veía sólo un conjunto de detalles imperfectos. Un ojo más grande que el otro, un labio demasiado fino, una mancha en la piel, una nueva arruga, el pelo siempre despeinado, una ceja más alta que la otra. Pero no es que la princesa fuera fea, sino que sólo era capaz de concentrarse en las cosas a mejorar, compararse con otras princesas y ver todo lo que no era.


Y la princesa no se daba cuenta que todas las otras princesas por las que se hubiera intercambiado también tenían defectos y los magnificaban cuando se miraban al espejo. La que tenía un pelo espectacular se veía peluda, la que estaba delgada envidiaba el pecho de la otra, la que tenía pecho se veía gorda, la alta quería ser menuda y la menuda admiraba a las modelos.

¿Qué es lo que hace que cada princesa sea incapaz de ver sus cualidades? ¿Por qué el espejo nos devuelve una imagen deformada de nosotras mismas y se convierte en nuestro peor enemigo?

Quizás deberíamos destruir todos los espejos y dejar que la sonrisa que nos ilumina la cara y la ilusión del reencuentro con un viejo amigo sean lo único que vemos de nosotras mismas.


jueves, 11 de agosto de 2011

Curso de percusión

Hacía ya tiempo que me rondaba la idea de hacer un curso de percusión. Cada vez que veo una batucada, me dan unas ganas increíbles de formar parte del grupo y tocar con ellos. En especial, siempre me ha llamado la atención los hombres que tocan el tambor y que con sus fuertes brazos, marcan el compás del grupo a base de graves.

Me pareció una buena idea intentar apuntarme a un curso de percusión para quitarme la espina, para ser precisos, la doble espina. En realidad, era una buena forma de matar dos pájaros de un tiro: hacer algo que me apetecía y conocer gente nueva. Llamadlo gente, llamadlo hombres con ritmo y brazos fuertes que tocan el tambor…

Por suerte, conseguí plaza para las clases. Estaba supermotivada, como cuando empiezas un curso nuevo y sabes que te vas a encontrar con algo diferente. Al llegar a clase, saludé tímidamente y sondeé la edad de la gente del curso. En realidad, la media estaba por encima de lo que tenía previsto. De repente, dejé de soñar con el grupo de hombres fornidos, ya que me encontraba entre un animado grupo del imserso. Animado tampoco sería la palabra más adecuada, porque los tambores fueron sustituidos por xilófonos. El instrumento de percusión por antonomasia. Pffffffffff. ¿Dónde está la cámara? Me dije.

¡Menudo bajón! Solo resistí a un par de clases de una hora y media encerrada tocando una canción que todavía tengo en la cabeza: Si, si, si, re, do, si, re, sol, sol, sol, si, la sol… Seguro que la conocéis. ¿No? Es el himno de la alegría. Justo lo que me hacía falta en ese momento. ¿Para cuándo una versión con tambores?


miércoles, 10 de agosto de 2011

Un polvo de menos es mejor que uno de más

El otro día salió una contra de La Vanguardia que hablaba sobre la relación entre el deseo y la disponibilidad, o digamos el exceso de oferta. A mí últimamente parece que me está pasando esto con Mr. Neverendingstory.

Es probable que la atracción que hemos mantenido tan fuerte durante tanto tiempo esté basada en una delicada combinación entre confusión emocional, malentendidos, un amor real pero antiguo, deseo y también falta de oferta entre nosotros. Durante mucho tiempo, yo me negué a que fuéramos amantes, así que nos veíamos poco y, de esas veces, algunas nos liábamos y otras no. En estos últimos meses, yo he entrado en su juego y he renunciado a que seamos amigos o a que tengamos de nuevo una relación, así que nos hemos convertido, de hecho, en amantes ocasionales. La primera vez que nos acostamos en estos últimos meses, me quedó una sensación de querer más y de vacío.

Ahora que ha pasado más veces, estoy identificando mejor la sensación. No quiero más sexo. Es divertido, pero al cabo de un tiempo aburre. Lo que quiero es lo que tenía antes con él. Lo que ha hecho que el sexo entre nosotros sea increíble durante años. Son los sentimientos, la sensación de conectar con la otra persona, de mirarle a los ojos y querer fundirte con él, y durante el rato que está dentro tuyo, sentir que lo consigues...


"All men fear death. It's a natural fear that consumes us all. We fear death because we feel that we haven't loved well enough or loved at all, which ultimately are one and the same. However, when you make love with a truly great woman, one that deserves the utmost respect in this world and one that makes you feel truly powerful, that fear of death completely disappears. Because when you are sharing your body and heart with a great woman the world fades away. You two are the only ones in the entire universe. You conquer what most lesser men have never conquered before, you have conquered a great woman's heart, the most vulnerable thing she can offer to another. Death no longer lingers in the mind. Fear no longer clouds your heart. Only passion for living, and for loving, become your sole reality. This is no easy task for it takes insurmountable courage. But remember this, for that moment when you are making love with a woman of true greatness you will feel immortal".

Ernest Hemingway en Midnight in Paris, de Woody Allen


Me he sentido inmortal con él. Ahora ya no.


Tocar.

Por desgracia los sentidos son capacidades humanas que pueden llegar a perderse. Se puede perder la vista, el oído, el olfato, el gusto… pero y el tacto? Desconozco si hay alguna enfermedad rara que te prive repentinamente del tocar, del sentir lo que tocamos y del ser tocados. Posiblemente existan casos. Como he dicho, los sentidos son susceptibles de dejar de ser sentidos.



Desde pequeños descubrimos el mundo por una necesidad irracional de tocarlo todo. Experimentamos y aprendemos a reconocer texturas, pieles, superficies… Para Freud, el motivo principal de la vida, manifestado desde nuestra más tierna infancia, es la búsqueda del placer. El niño busca aquello que le resulta agradable y evita aquello que le resulta doloroso. Y este proceso de búsqueda-evitación se manifiesta durante toda nuestra existencia de diversas maneras, una de ellas mediante el tacto, sentido a través del cual nos relacionamos con el mundo y nos mantenemos en “contacto” con él.



De ahí que ya de adultos sigamos teniendo aún adherido aquel gesto curioso e irrefrenable de tocar todo aquello que está prohibido tocar. Entrar en una tienda silenciosa de figuritas minúsculas de porcelana, que más que figuras parece que vendan silencio, y de repente aquel cartel impertinente: “NO TOCAR”. O desviarte un poco del camino para tocar aquel vidrio casi transparente del escaparate, alargando como en un gesto de comprobación espacial la mano hacia delante hasta chocar contra aquel muro transparente y comprobar que sí, que hay cristal. Entrar en una casa antigua y desconocida y comprobar la rugosidad de las paredes deslizando el dedo índice sutilmente por el estucado, tocar a conciencia la superficie de un mueble antiguo, como si pudiéramos teletransportarnos y respirar a través del tacto todo aquello que el mueble ha visto, oído y olido en su larga e inerte existencia. No quedarnos tranquilos hasta tocar aquel jersey nuevo, comprar por el tacto de la tapa un libro, tocar los manteles de la mesa mientras cenamos, tocar, tocar…



... siempre como a escondidas, tocando fugazmente un instante con los dedos esperando no ser descubierta, como cuando pienso que no miras y no te das cuenta y de repente me descubres y te sorprendes diciéndome:
Qué haces? Qué tocas?
A ti.

martes, 9 de agosto de 2011

Sensualidad o Amor

La sensualidad. Apreciado don, cambiante y caprichoso.
Algunos días te roza con sus leves destellos justo al despertar, y te transforma en una ninfa andante, con el don de la risa, el movimiento, la gracia, y el intelecto.
Otros es esquiva y te sume en una bruma grisácea, que convierte en mate cualquier brillo, en sombra cualquier luz.

Sin embargo algunos afortunados lo poseen de nacimiento. Rostros bellos y esculpidos, pero sobretodo conexiones aguzadas, conversaciones profundas pero sutiles, divertidas e inocentes. Miradas, gestos, perfumes. Sabiduría de la retorica, amantes secretos, elegidos del baile de los sentidos, indómitos, sutiles, paralizan el aliento, cautivan los corazones.
Y que haces si te cruzas on ella, o con él. Si caes hipnotizado, perdida, en su mirar.

¿Hay acaso escapatoria?  Toda alma libre se verá atrapada, no importa la edad, el sexo o las conveniencias?
Bueno, tal vez hay una.  
Una secreta, más fuerte, más sabia, más antigua y poderosa:

"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo. (St Exupery)"

C'est l'Amour!!!



lunes, 8 de agosto de 2011

Mujeres o Diosas

El olimpo griego es la cuna de nuestra cultura occidental, repleta de historias, metáforas y aventuras, nos abre luces en este mundo, desde los dioses del cielo Urano (Sky) y la tierra Gia o Gaya (land). La mitología griega, trata de explicar, como tantos otros cultos y religiones el orígen de todo y el destino de todos.


Pero entre todas esas deidades que se entretejen en traiciones, luchas, amores, pasiones, me gustan especialmente algunas figuras de mujer.

Hoy me quedo con estas tres. He aquí mi selección Olímpica:


Mi favorita es Artemisa. La diosa de la caza, los animales, la naturaleza, las plantas. Me la imagino con un arco en la espalda, y un trozo de piel como vestido, corriendo entre la maleza, agachándose, cazando su comida, trepando por los montes, deslizándose veloz entre las frondosas llanuras. Conoce las propiedades de las plantas, es fuerte, independiente. Sabe cómo moverse, y cómo rehacerse si cae herida. Sabe lo que quiere y lo disfruta a cada instante y si algo le falta lucha por ello. Nada la detiene. Un poco de botánica, un pellizco de sensibilidad por los animales, en comunión y respeto con la naturaleza.




Afrotida, diosa del erotismo, de las pasiones, de la seducción y el juego. (no dije en ningún momento el amor), siente la necesidad de atraer y ser atraída. La diferencia no está en su físico, mil veces tallado en esculturas con sinuosas curvas, sino en su actitud, voluptuosa y sensual. Su aproximación es sigilosa pero firme, su seguridad tiene una magia cautivadora. Disfruta sin complejos ni complicaciones, con toda naturalidad.

Hestia y Hera, las diosas del hogar y el matrimonio, hacedoras de hogares, madres de niños, estables, seguras, tranquilas. Celosas y amantes de su mundo y de sus costumbres, con grandes contornos y grandes corazones. Generosas, abiertas, cálidas. Camas abrigadas y limpias, mesas rebosantes de comidas, abrazos ilimitados para sus familias, y para sus amigos.



Se sabe que estas figuras existen desde hace unos 3000 años.



Y yo no sé si hemos cambiado tanto desde entonces, quizás esos antiguos filósofos, procuraban recoger la esencia de la mujer, de las mujeres! que tenemos dentro.

Seamos Artemisas, Heras y Afroditas, ... o un poco de todas, quien sabe!!
Muy lejos llegaremos!! ;), pies en el suelo, corazón galopante, mente en el horizonte.



Buenas noches Sospechosas del mundo.


Skyland